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El club de los infieles

A propósito de este blog, que existe por ocurrencia de Armando y que hoy nos comunica, viene a cuento el mensaje que alguna vez le mandara a nuestra amiga Gloria y que ahora he decidido parafrasear.

Arturo (en realidad Pepe), en ese entonces, me había escrito avisándome de la enfermedad de Gloria y de la conveniencia de hacerle llegar algunas palabras de apoyo. Sin saber qué podría escribirle, acabé por redactar un texto que, reconozco, resultó bastante cursi. No sé si ella alcanzó a leerlo. Su contenido, con algunas adaptaciones, era el siguiente:

“ Cuándo éramos un grupo y afirmábamos nuestra vocación por el diseño, quiero decir, cuando aún compartíamos los restiradores en la universidad, no percibía cabalmente nuestras diferencias. La costumbre de encontrarnos semana tras semana rondando los mismos edificios opacaba ante mis ojos la diversidad de nuestras procedencias. Fue sólo hasta que esta etapa terminó, cuando la universidad dejó de ser un compromiso común, que se me revelaron en su amplitud nuestros distintos orígenes: Córdoba, Pachuca, Tuxtla, Cuahutla, Xalapa… Sólo entonces noté que nuestra coincidencia en Puebla había sido pasajera y que la temporada de nuestra convivencia no tendría por qué ser indefinida.

Los años acabarían por demostrar que nuestras diferencias iban más allá de los límites geográficos. El diseño, ese pretexto que nos reunió en Cholula por varios semestres, dejó de significar una motivación suficiente para algunos. Yo aún conservo gran cariño y una relación profesional con el diseño muy importante; pero hubo un tiempo en que lo desdeñé en favor de la creación musical. Aunque mi romance con el rock terminó hace mucho, debo reconocer que mi infidelidad continúa. Hace mucho que reparto mi corazón entre el diseño, la práctica artística y la investigación estética. El mío no ha sido un caso único. Otros han cedido a las caricias de otros(as) amantes, como el periodismo musical, el comercio de autopartes o la veterinaria. ¿Quién, en aquellas épocas de la Hacienda, hubiera imaginado tantas transformaciones?

No sé si la nuestra fue una generación atípica. No es mi intención seguir enfatizando su carácter heterogéneo. Si mencioné lo anterior fue precisamente para contrastarlo. Si ya no nos une el espacio físico, es decir, si vivimos separados por kilómetros, y si tampoco nos interesa necesariamente la misma disciplina… ¿qué me hace pensar que sigue existiendo un vínculo? Tal vez lo que valdría la pena resaltar sería precisamnte lo que en su momento no fue circunstancial y ha debido superar todo tipo de migraciones y virajes profesionales. Me refiero a esa simpatía compartida, la misma que cultivábamos con mutuo apoyo en los años en los que, más que aprender a diseñar, nos adiestrábamos para vivir.”

Brindo por nuestra amiga Gloria, a quien no traté mucho, pero en quien siempre reconocí talento, integridad y nobleza. También halzo mi copa por el diseño, aunque ya no forme parte de la vida de todos nosotros, pues fue el pretexto que inició nuestra relación, esa que sigue cultivándose en los renglones de este blog.

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